En un bar de cualquier pueblo sureño
Nace un pensamiento mendigo de un día que no existió
Para aquel virilidad envuelta en los espíritus matutinos y de los dioses de las tinieblas
Aquellos que fueron testigos de su mirada sutil y surrealista.
Para aprender de los hilos ancestrales de las galletas de coco y del café negro amargo y amargo con tres o cuatro cucharadas de azúcar
Para tocar teclas desquiciadas y cuerdas detonantes que marcan melodías frambuesas con mantequilla de maní
Para rozar antebrazos y muslos y lenguas mojadas al compás de un latido voraz sin noción de tiempo y perpejo a la luz de sus pechos desnudos
Pero al son de no ser no se le quita lo bendito
Regálame un besito
Y vete a la mierda

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