Al resguardo y al asecho del ser triste que se esconde detrás de mi oreja.
El me quiere. Yo a el porque me enseña a ser triste aun en los días poriferos.
Y de la tristeza… sobrina de la locura y hermana de la nostalgia… se le suma un suspiro cuando escampa después de llover.
El ser triste no es un ser malo… es solo malentendido.
El ser triste nos desgarra y nos da esperanza.
El ser triste se levanta con la cabeza alta porque tiene miedo de tomar el siguiente paso.
Sin sentirse especial con un ente espacial, y un cafecito de madrugada existencial.

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