Agrandar a la espera
mientras el niño duerme,
y el ventilador repite su queja tranquila.
Aprovechar el silencio
para acercarme a ti,
sin palabras,
sin pensar en los porqués,
solo sintiendo el pulso compartido,
la respiración que se enreda,
el calor suave de estar tan cerca.
Tensar las piernas,
cerrar los ojos,
respirar profundo,
y por un momento breve
quedarme suspendido
en ese lugar donde todo se olvida,
donde todo se entrega.
Dejarlo todo en ti,
como si el mundo pudiera detenerse
en el olor que deja tu piel en la mía,
como si crear algo —
aunque no sepamos qué —
fuera inevitable.

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